Contratar a un diseñador web es una de esas decisiones que parecen sencillas hasta que salen mal. He hablado con muchos clientes que llegaron a mí después de una mala experiencia con otro diseñador. La mayoría de los problemas tenían señales previas que nadie supo interpretar. Este artículo existe para que no te pase lo mismo.
Agencia, estudio o freelance
Una agencia tiene más recursos y estructura, pero la persona que te atiende en la venta no siempre es la que trabaja en tu proyecto. Un freelance te da acceso directo a quien hace el trabajo, aunque depende de una sola persona. Para proyectos entre 2.000€ y 15.000€, un freelance con experiencia demostrada suele ser la mejor combinación.
Cómo evaluar un portfolio de verdad
- Abre las webs del portfolio en tu móvil. Si se ven mal o cargan lento, eso dice más que cualquier captura.
- Fíjate en la coherencia entre proyectos. Un buen diseñador tiene un estilo propio reconocible.
- Comprueba si las webs siguen activas. Una web que ya no existe dice algo sobre la durabilidad del trabajo.
Las preguntas que deberías hacer antes de contratar
¿Cómo es tu proceso de trabajo?
Un profesional con experiencia tiene un proceso claro. Si la respuesta es vaga, probablemente no hay un método detrás.
¿Quién va a poder editar la web después?
La respuesta correcta es que tú. Si el diseñador no puede explicarlo con sencillez, es una señal de alerta.
¿Qué incluye exactamente el presupuesto?
Dominio, alojamiento, mantenimiento, SEO inicial... hay conceptos que unos incluyen y otros no.
Señales de alerta
- No tiene contrato ni propuesta escrita, solo un presupuesto por WhatsApp
- No puede explicar quién hizo cada proyecto de su portfolio
- Promete plazos muy cortos sin haber leído el briefing
- El precio es notablemente más bajo que el resto sin explicación clara
Buenas señales
- Hace preguntas antes de presupuestar
- Tiene un proceso de trabajo documentado
- Sus webs cargan rápido y se ven bien en móvil
- Te dice claramente qué no puede hacer
Sobre el precio: el presupuesto más barato rara vez es el más económico a largo plazo. Una web que hay que rehacer al año cuesta el doble que una bien hecha desde el principio.